Pakistán declaró este 27 de febrero una “guerra abierta” contra Afganistán tras ejecutar bombardeos en ciudades como Kabul y Kandahar, en una escalada que rompe el frágil alto el fuego vigente desde octubre. La ofensiva se produce luego de meses de enfrentamientos fronterizos y acusaciones cruzadas entre ambos gobiernos.

El ministro de Defensa pakistaní, Khawaja Asif, afirmó que “la paciencia ha llegado a su límite” y justificó los ataques como respuesta a agresiones previas contra tropas en la frontera. Islamabad sostiene que su vecino permite la operación de grupos armados que atentan contra su territorio.

En el centro de las acusaciones está el Tehrik-e-Taliban Pakistan (TTP), organización que, según Pakistán, planifica y ejecuta atentados desde suelo afgano. En los últimos días, ataques atribuidos a ese grupo dejaron cerca de 20 policías y civiles muertos en territorio pakistaní. Kabul niega dar refugio a estas estructuras.

La ofensiva incluyó bombardeos nocturnos que, según reportes de la AFP, sacudieron Kabul y otras zonas estratégicas. Testigos describieron explosiones y sobrevuelos de aviones de combate. Pakistán asegura haber abatido a más de 100 combatientes talibanes, mientras el gobierno afgano reconoce cifras menores y denuncia víctimas civiles.

Las autoridades talibanas también afirman haber respondido con ataques contra posiciones fronterizas pakistaníes y reportan bajas en el bando contrario, cifras que Islamabad desmiente. La confrontación ha venido acompañada de una guerra de versiones sobre el número real de muertos y heridos.

El trasfondo del conflicto se encuentra en la disputa histórica por la Línea Durand, la frontera de más de 2.600 kilómetros que divide a ambos países desde 1893. Pakistán la reconoce como límite internacional, mientras Afganistán la considera una imposición colonial nunca aceptada formalmente.

Desde el regreso de los talibanes al poder en 2021, las relaciones bilaterales se han deteriorado de forma sostenida. Los pasos fronterizos han permanecido cerrados en repetidas ocasiones y los combates de octubre dejaron más de 70 muertos en ambos lados, pese a intentos de mediación internacional.

Con la declaración formal de “guerra abierta”, la tensión regional alcanza uno de sus puntos más críticos en años recientes. La frontera permanece cerrada, los intercambios de fuego continúan y la comunidad internacional observa con preocupación una confrontación que amenaza con desestabilizar aún más Asia Central y del Sur.

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