En la carrera global por construir las ciudades del mañana, Corea del Sur apostó fuerte con Songdo, un distrito inteligente inaugurado en 2009 que prometía convertirse en el mayor experimento urbano tecnológico de Asia. Diseñada para albergar a más de 300.000 personas, la ciudad integra sensores digitales, automatización de servicios, edificios inteligentes y amplios espacios verdes. Sin embargo, más de 15 años después, la realidad dista mucho de la visión original.
El youtuber colombiano Juan Díaz, conocido como Planeta Juan, visitó Songdo para mostrar cómo es vivir —o intentar vivir— en uno de los proyectos urbanos más ambiciosos del mundo.
Tecnología de punta en una ciudad silenciosa
Ubicada cerca de Incheon, Songdo fue desarrollada con inversión multimillonaria y apoyo de empresas surcoreanas y estadounidenses. Cuenta con edificios con certificación LEED, ciclovías extensas, transporte eficiente y más de 600 hectáreas de zonas verdes, incluido un parque central inspirado en el Central Park de Nueva York.
A nivel técnico, la ciudad funciona como un reloj: gestión inteligente de residuos, control energético automatizado y conectividad total. Sin embargo, según el testimonio del colombiano, la experiencia urbana es desconcertante.
“Es como caminar dentro de una maqueta”, describió Díaz, quien aseguró que incluso en horas pico, como el almuerzo, los parques y calles permanecen casi vacíos.
¿Por qué Songdo no logró despegar?
Durante su recorrido, Planeta Juan notó que muchos edificios no están completamente habitados y que la vida social es limitada. Tras conversar con residentes, identificó una sensación generalizada de falta de identidad y de vida urbana real.
La ciudad fue pensada para atraer multinacionales, universidades extranjeras y profesionales de alto perfil, pero ese traslado masivo nunca ocurrió. La ausencia de ruido, movimiento y espontaneidad contrasta con la imagen de una metrópolis futurista.
“Es un experimento de 40.000 millones de dólares. Todo es perfecto, limpio y moderno, pero no hay alma. No hay vida en las calles”, afirmó.
Un lugar bello, pero poco atractivo para vivir
Aunque destacó la estética y el orden de Songdo, el creador de contenido fue claro al señalar que no se ve viviendo allí. Según explicó, la ciudad ofrece pocas oportunidades laborales comparadas con otras urbes coreanas como Seúl, y su atractivo turístico es limitado.
Incluso los espacios culturales tradicionales le parecieron artificiales, ya que muchos son recreaciones de pueblos que existen en otras regiones del país. “Si quiere conocer la Corea real, va a Seúl. Aquí todo se siente como una réplica”, comentó.
¿Fracaso o experimento necesario?
Pese a las críticas, Díaz evitó calificar el proyecto como un fracaso absoluto. Para él, Songdo representa la capacidad de un país de asumir riesgos y apostar por el futuro, aunque el resultado no haya sido el esperado.
“No lo veo como un fracaso, sino como un proyecto extremadamente ambicioso. Es muy bonito, pero es para un nicho muy específico: negocios internacionales y vida corporativa. Para mí, no sería un lugar para vivir”.
Songdo sigue siendo, hasta hoy, una ciudad laboratorio: un ejemplo de lo que la tecnología puede lograr en el urbanismo, pero también una advertencia de que una ciudad no se construye solo con sensores y edificios inteligentes, sino con personas, historia y vida cotidiana.

