Las declaraciones del presidente Gustavo Petro sobre supuestos informes de inteligencia que involucrarían al candidato presidencial Abelardo De la Espriella desataron una nueva controversia política en plena carrera electoral. El mandatario insinuó la existencia de conversaciones entre el aspirante y actores vinculados a la firma Thomas Greg & Sons, sin presentar pruebas públicas que sustenten dichas afirmaciones.

A partir de ese pronunciamiento, el equipo jurídico de De la Espriella reaccionó de inmediato y solicitó abrir investigaciones formales ante la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes. La campaña considera que las declaraciones del jefe de Estado sugieren la posible existencia de interceptaciones ilegales, lo que —de confirmarse— implicaría una grave violación a la privacidad de las comunicaciones en el contexto electoral.

El propio candidato rechazó las afirmaciones y retó públicamente al presidente a presentar las pruebas. Además, negó cualquier vínculo con los supuestos interlocutores mencionados y calificó la situación como un intento de afectar su aspiración política. En paralelo, su equipo presentó denuncias ante la Fiscalía y la Procuraduría para esclarecer el origen de la información mencionada por el mandatario.

El episodio no solo abrió un frente jurídico, sino que reconfiguró el panorama político en la derecha. Sectores que venían enfrentados, como el liderado por Paloma Valencia, optaron por cerrar filas en defensa del candidato. La congresista envió una comunicación directa al presidente Petro en la que le exige claridad sobre si existen interceptaciones a dirigentes políticos o ciudadanos y bajo qué marco legal se estarían realizando.

Las declaraciones del presidente también reactivaron temores históricos en el país frente a posibles “chuzadas”, evocando episodios ocurridos durante el escándalo del DAS en años anteriores. Diversos líderes políticos y analistas han advertido que, de confirmarse, se trataría de un precedente delicado para las garantías democráticas en medio de una contienda electoral.

Desde sectores cercanos al Gobierno no hay claridad sobre la existencia real de dichos informes de inteligencia, lo que ha alimentado aún más la controversia. Mientras tanto, voces críticas señalan que el pronunciamiento del presidente podría responder a una estrategia para agitar el escenario político y reposicionar a determinados candidatos en la disputa electoral.

En medio de este escenario, el debate se mantiene abierto y sin respuestas concluyentes. Las investigaciones solicitadas buscan determinar si existieron interceptaciones, su legalidad y el origen de la información, en un caso que ya empieza a incidir en el equilibrio político de cara a las elecciones presidenciales.

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