Alphabet Inc. protagonizó uno de los cambios de percepción más contundentes en Wall Street durante el último año. Lo que antes era visto como un gigante tecnológico vulnerable frente al avance de la inteligencia artificial, hoy es considerado por muchos analistas como uno de los líderes del nuevo ciclo impulsado por la IA, gracias a una estrategia clara encabezada por Google.

Hace apenas doce meses, el auge de herramientas como ChatGPT generaba dudas sobre el futuro del negocio de búsqueda de Google. Inversionistas y expertos temían que la inteligencia artificial erosionara el dominio histórico de Alphabet en internet. Sin embargo, esa narrativa dio un giro radical. Desde los mínimos registrados en abril, cuando las acciones rondaban los 140 dólares, los títulos de la compañía se dispararon más de un 120 %, reflejando un cambio profundo en el sentimiento del mercado.

Según Landon Swan, cofundador de LikeFolio, el factor clave detrás de este repunte fue el paso de la incertidumbre al optimismo. La IA dejó de verse como una amenaza directa y pasó a percibirse como una oportunidad estratégica que Alphabet supo capitalizar mejor que muchos de sus competidores. Incluso analistas que antes eran escépticos reconocen ahora que la compañía logró adaptarse con rapidez y solidez.

El corazón de esta transformación es Gemini, el modelo de inteligencia artificial desarrollado por Google como respuesta al dominio inicial de OpenAI. Aunque ChatGPT sigue liderando el mercado con una participación ampliamente mayoritaria, Gemini ha avanzado de forma acelerada. Datos de LikeFolio indican que el interés de los usuarios por esta herramienta creció más de un 300 % interanual, muy por encima del crecimiento observado en su principal competidor.

Parte del éxito radica en una ventaja estructural: la integración directa de Gemini dentro del buscador de Google. Al incorporarlo en el motor de búsqueda predeterminado utilizado por miles de millones de personas, Alphabet logró reducir barreras de adopción y posicionar su IA como una experiencia cotidiana, no como un producto aislado.

Aunque aún existe una diferencia en el nivel de uso —los usuarios diarios de ChatGPT realizan más consultas que los de Gemini—, la tendencia muestra que Google está cerrando esa brecha de manera constante, apoyándose en su ecosistema global.

El impulso de Alphabet no se limita al terreno de los chatbots. Google Cloud se consolidó como otro pilar clave del crecimiento, con un aumento de ingresos del 34 % interanual, superando el ritmo de expansión de gigantes como Amazon y Microsoft. Esta fortaleza en la nube refuerza la posición de la empresa en el desarrollo y despliegue de soluciones basadas en inteligencia artificial.

A ello se suma el dominio sostenido de YouTube, que concentra cerca del 13 % del tiempo total de consumo televisivo en Estados Unidos, por encima de plataformas como Netflix. Esta combinación de contenido, datos, infraestructura y tecnología convierte a Alphabet en una de las compañías mejor posicionadas para capitalizar la evolución digital impulsada por la IA.

En términos bursátiles, el impacto es claro. Durante 2025, las acciones de Alphabet acumulan un retorno cercano al 65 %, superando al resto de las compañías del grupo conocido como las “Siete Magníficas”. Aunque el valor cerró el último día del año con una leve caída, los indicadores técnicos muestran una tendencia positiva a corto, mediano y largo plazo.

Así, Alphabet pasó en tiempo récord de ser vista como una posible víctima del avance tecnológico a consolidarse como uno de los actores más influyentes de la era de la inteligencia artificial, demostrando que su capacidad de adaptación sigue siendo uno de sus mayores activos.

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