Un ambiente de profunda tirantez institucional y controversia política se instaló en el departamento de Norte de Santander luego de los graves acontecimientos de orden público registrados este martes. Tras la violenta detonación de un carro bomba en las cercanías de la estación de Policía del municipio de Los Patios —perteneciente al área metropolitana de Cúcuta—, el presidente de la República, Abelardo De La Espriella, tomó la decisión ejecutiva de cancelar de manera intempestiva su agenda oficial en la ciudad de Barranquilla para trasladarse de urgencia a la capital nortesantandereana. El propósito central del desplazamiento del jefe de Estado era encabezar un consejo de seguridad extraordinario junto a la cúpula militar y policial con el fin de adoptar decisiones tácticas e inmediatas frente a la sangrienta acción terrorista, la cual dejó como saldo trágico un civil muerto y once personas heridas.

Sin embargo, lo que estaba presupuestado como una cumbre estratégica para reordenar el control territorial degeneró en un agudo impasse gubernamental. A pesar de la premura con la que el primer mandatario nacional arribó al territorio, la reunión de alto nivel no pudo desarrollarse según lo previsto debido a la sorpresiva ausencia del alcalde de Cúcuta, Jorge Acevedo, e igualmente por la llegada tardía del gobernador de Norte de Santander, William Villamizar Laguado.

Fracaso de la cumbre y malestar en la alta magistratura

De acuerdo con fuentes directas que presenciaron las deliberaciones dentro del recinto, el presidente De La Espriella inició la sesión formalmente junto con los altos mandos del Ejército y la Policía Nacional. No obstante, al constatarse la falta de las principales cabezas de las entidades territoriales, las discusiones tuvieron que ser suspendidas abruptamente. Aunque desde el despacho municipal de Cúcuta se procedió a enviar a un funcionario delegado para representarlo, la medida resultó insuficiente para atenuar la molestia del Ejecutivo central.

«El presidente mostró su molestia por la ausencia de las autoridades civiles en la reunión de seguridad. Manifestó que era una afrenta contra la ciudadanía y un irrespeto para las autoridades que llegaron al consejo de seguridad», aseveró una de las fuentes presentes en el recinto.

El malestar presidencial fue contundente. De La Espriella expresó que la falta de compromiso presencial de los mandatarios locales configuraba no solo una falta de respeto hacia las Fuerzas Armadas y la Fuerza Pública que se movilizaron hasta la zona, sino una verdadera afrenta contra los ciudadanos golpeados por la violencia criminal. Cabe destacar que el jefe de Estado venía de presidir en Barranquilla el acto formal de posesión de los nueve magistrados del Consejo Nacional Electoral (CNE), evento realizado en el Batallón Paraíso desde donde abordó el vuelo oficial hacia las instalaciones de la Trigésima Brigada del Ejército en Cúcuta.

Sumado a las críticas por la impuntualidad y las ausencias, el mandatario lanzó una severa advertencia analítica sobre el deterioro del orden público en la región fronteriza, sugiriendo la existencia de posibles nexos entre estructuras armadas al margen de la ley y sectores de la administración pública.

«Vamos a liberar este departamento de la violencia por la razón o la fuerza. Cuando los bandidos están ganando es porque están asociados con el Gobierno y aquí se acabó esa asociación criminal. No vamos a permitir que mandatarios locales terminen aliados con estos bandidos, los vamos a hacer pagar», enfatizó enérgicamente De La Espriella durante su intervención.

Agenda oficial, compromisos en Bogotá y el panorama regional

Tras la frustrada reunión de trabajo y sin ofrecer declaraciones directas a los medios de comunicación presentes, el presidente abandonó las instalaciones militares con rumbo al departamento del Guaviare. Esta última región constituye otro de los frentes geográficos priorizados por el Ejecutivo dentro de su plan choque de seguridad nacional, zona donde las Fuerzas Militares han ejecutado recientemente dos operaciones de envergadura con bombardeos aéreos enfocadas en desarticular y desestabilizar las estructuras disidentes al mando de alias ‘Iván Mordisco’.

Por su parte, se conoció que el alcalde Jorge Acevedo no asistió al consejo de seguridad debido a que se encontraba en la ciudad de Bogotá cumpliendo compromisos y gestiones ante el Congreso de la República. Si bien tanto Acevedo como el gobernador William Villamizar condenaron públicamente el atentado con carro bomba que cobró la vida de un ciudadano e hirió a once más, su inasistencia generó dudas sobre la coordinación interinstitucional necesaria para hacer frente a la crisis de orden público que aqueja al nororiente colombiano.

El desencuentro institucional contrasta con los antecedentes recientes entre la Casa de Nariño y las autoridades regionales. Cúcuta había sido la primera ciudad elegida por De La Espriella para realizar sus sesiones de «empalme territorial» antes de su toma de posesión presidencial, oportunidad en la que sí se reunió con el gobernador Villamizar y numerosos alcaldes nortesantandereanos, prometiendo un paquete de medidas drásticas para blindar la zona metropolitana y el convulso territorio del Catatumbo. Frente a la coyuntura actual, el Gobierno nacional confirmó que el presidente regresará a la capital nortesantandereana en un plazo de dos semanas para evaluar de primera mano los avances operativos en la lucha contra la criminalidad.

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