Corea del Sur confirmó esta semana la eliminación definitiva de la cría de osos con fines de extracción de bilis, una actividad que estuvo permitida durante décadas y que ahora quedará prohibida por ley a partir de enero de 2026. La medida responde a una presión social y ambiental sostenida, y marca un cambio profundo en la política de protección de la fauna silvestre del país.
Con la entrada en vigor de la nueva normativa, cualquier persona que continúe con esta práctica enfrentará sanciones penales. El anuncio se enmarca en una reforma integral de bienestar animal que busca alinear a Corea del Sur con los estándares internacionales de conservación y reforzar el compromiso estatal con una gestión más ética de la biodiversidad.
No obstante, el cierre de la industria presenta desafíos importantes. Actualmente, alrededor de 200 osos permanecen en granjas privadas, lo que obliga a las autoridades y a organizaciones civiles a coordinar un proceso de transición complejo. Aunque algunos animales ya fueron trasladados a santuarios estatales, la capacidad de estos espacios es limitada, motivo por el cual activistas reclaman la creación de nuevos centros de protección.
El Gobierno, por su parte, implementó un plan de apoyo económico para los criadores, con el objetivo de garantizar el cuidado de los osos hasta que puedan ser reubicados. Además, se estableció un período de gracia de seis meses durante el cual se supervisará que no continúe la extracción de bilis. Tras ese plazo, cualquier incumplimiento será castigado conforme a la ley.
La bilis de oso ha sido utilizada tradicionalmente en la medicina oriental por sus supuestas propiedades antiinflamatorias y analgésicas, e incluso llegó a consumirse como alimento funcional. Sin embargo, con el avance de alternativas sintéticas y vegetales, su uso fue perdiendo relevancia y respaldo científico, lo que facilitó el consenso social para poner fin a la práctica.
El cierre definitivo se apoya en un acuerdo alcanzado en 2022 entre autoridades, granjeros y organizaciones ambientalistas, que permitió fijar una fecha clara para el fin de la actividad. Aunque algunos productores cuestionaron las compensaciones ofrecidas, la mayoría aceptó el proceso sin mayores conflictos.
Más allá del bienestar animal, la decisión tiene un impacto ecológico de largo alcance. Los osos luna cumplen un papel clave en los ecosistemas forestales, contribuyendo a la dispersión de semillas y al equilibrio natural. Su protección fortalece la conservación ambiental y envía un mensaje claro sobre el cambio en la relación entre la sociedad y la naturaleza. Con esta medida, Corea del Sur avanza hacia un modelo de gestión ambiental más responsable y sostenible.

