Las aves costeras en Europa están mostrando señales claras de recuperación tras décadas marcadas por la pérdida de hábitat, la contaminación y la presión humana. Un nuevo estudio científico, basado en más de 70 años de datos, confirma que las poblaciones no solo se estabilizan, sino que crecen de forma sostenida en varias regiones clave del continente.

El hallazgo, liderado por el investigador Carlos Cano-Barbacil del Museo Nacional de Ciencias Naturales, aporta una de las radiografías más completas sobre el estado de estas especies. Con más de 56.000 observaciones analizadas entre 1957 y 2024, el informe sugiere que las políticas de conservación han comenzado a dar resultados tangibles, aunque con matices importantes según la región.

El estudio, publicado en la revista Global Change Biology, revela que la recuperación de las aves marinas europeas no es anecdótica. La riqueza de especies aumenta a un ritmo del 1,7% anual, mientras que la abundancia total crece cerca de un 2,7% cada año.

Uno de los datos más relevantes es el incremento de la diversidad funcional, que alcanza un 4% anual. Este indicador mide la variedad de roles ecológicos que desempeñan las especies dentro de un ecosistema, y su crecimiento fortalece la resiliencia frente a fenómenos como el cambio climático.

En términos prácticos, esto significa que los ecosistemas costeros no solo albergan más aves, sino que también son más estables y capaces de adaptarse a cambios ambientales. Esta evolución marca un giro significativo frente a décadas anteriores, cuando muchas especies estaban en retroceso.

A pesar del balance positivo, la recuperación no es uniforme. El estudio identifica contrastes claros entre regiones europeas.

El mar Báltico destaca como el caso más exitoso. Entre 1990 y 2015, varias especies experimentaron un crecimiento notable, consolidando esta zona como un ejemplo de recuperación efectiva.

En el mar del Norte, en cambio, las poblaciones se han estabilizado sin mostrar grandes aumentos recientes. Allí, la expansión de especies invasoras como la oca canadiense ha generado nuevos desafíos para el equilibrio ecológico.

El Mediterráneo occidental presenta un comportamiento intermedio. El mayor crecimiento se registró entre 1970 y 2000, pero desde entonces la tendencia se ha ralentizado, especialmente en el litoral español. Aun así, algunas especies como la garceta grande continúan expandiéndose, lo que evidencia que la recuperación sigue en marcha, aunque a menor ritmo.

El estudio subraya que las áreas protegidas han sido determinantes en este proceso. Espacios clasificados dentro de las categorías I y II de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza han funcionado como refugios seguros para la alimentación y reproducción de las aves.

De forma llamativa, algunos entornos portuarios también han emergido como refugios inesperados. La menor presencia de depredadores y el acceso restringido favorecen la colonización de ciertas especies, mostrando cómo incluso espacios humanizados pueden jugar un papel positivo.

Otro factor clave es el cambio climático. Los inviernos más suaves en el norte de Europa han reducido la mortalidad de aves invernantes, acelerando su recuperación. A esto se suma la disminución de capturas accidentales en actividades pesqueras.

Sin embargo, los científicos advierten que el panorama aún no está completamente asegurado. Entre el 5% y el 13% de las áreas analizadas siguen registrando descensos poblacionales. Por eso, insisten en la necesidad de mantener las políticas de conservación, controlar la urbanización costera y gestionar las especies invasoras.

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