La industria equina en Colombia genera cerca de $6 billones anuales y moviliza alrededor de 480.000 empleos directos e indirectos, posicionando al país como una potencia mundial en genética del caballo criollo colombiano de paso fino.

El dato cobra relevancia en 2026 con el inicio del Año del Caballo en la cultura china, un ciclo asociado al movimiento, la energía y la transformación, que vuelve a poner en el foco global a una especie que en Colombia representa tradición, identidad y negocio.

Según el censo pecuario nacional del Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), en 2023 el país registró más de 1,57 millones de caballos.

En el contexto global, cifras de la FAO recopiladas por EquiAgro Consultoría ubican a Colombia dentro del top 10 mundial en número de equinos, ocupando el noveno lugar, y como el tercer país de Sudamérica con más caballos, solo superado por Brasil y Argentina.

Más allá del inventario, el sector destaca por su nivel de formalización: más de 300.000 caballos están registrados genealógicamente y cada año se realizan alrededor de 150 ferias en 19 departamentos.

El dinamismo económico del sector impacta cerca de 480.000 empleos en actividades que van desde la cría, entrenamiento y comercialización hasta logística, eventos, veterinaria, transporte y turismo.

De acuerdo con Fedequinas, el sector atraviesa una etapa de expansión tras la recuperación pospandemia. En los últimos cinco años, los registros genealógicos han crecido más de 20%, al igual que el número de criadores inscritos.

El corazón del negocio son las exposiciones equinas, espacios reglamentados que promueven el bienestar animal y, al mismo tiempo, impulsan la valorización genética de los ejemplares. En estas ferias no solo se compite: se construye reputación y se define el precio de mercado.

Colombia no compite únicamente por volumen. El país es reconocido internacionalmente por la genética del caballo criollo colombiano de paso.

El andar del paso fino colombiano fue declarado Patrimonio Genético de la Nación en 2017. A finales de 2024, también recibieron esta distinción los andares diagonales —trocha galope y trote galope colombianos—, reforzando el valor diferencial de la raza.

Este reconocimiento se traduce en exportaciones. En promedio, Colombia vende cerca de 120 caballos al año a destinos como Estados Unidos, Puerto Rico, República Dominicana, Ecuador y Panamá, países con fuerte presencia en competencias y promoción de la raza.

El negocio equino funciona, en gran medida, como una empresa de inversión genética.

Un ejemplar con buena línea, pero sin historial competitivo, puede costar entre $20 millones y $50 millones. Sin embargo, tras ganar campeonatos y consolidar títulos en pista, su valor puede escalar a $500 millones, $800 millones o incluso $1.000 millones.

El retorno no depende solo de la venta del caballo. La comercialización de genética —especialmente a través de dosis de semen para reproducción— es una fuente clave de ingresos. Cada inseminación multiplica el potencial de rentabilidad, sobre todo si los descendientes alcanzan reconocimiento en ferias y campeonatos.

Aunque el caballo llegó al continente americano en 1493 y marcó la historia económica y social de la región, hoy su papel en Colombia responde a una lógica empresarial moderna: genética certificada, exportaciones, eventos especializados, generación masiva de empleo y encadenamientos productivos.

En pleno Año del Caballo 2026, la industria equina colombiana demuestra que no se trata solo de tradición cultural, sino de un sector estratégico que combina identidad nacional y alto valor económico.

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