En un momento marcado por tensiones geopolíticas y un aumento en los precios del petróleo, Colombia apuesta por posicionarse como un actor clave en la transición energética global. El país convocó una cumbre internacional que se realizará en Santa Marta a finales de abril, con el objetivo de conformar una coalición de naciones comprometidas con la eliminación progresiva de los combustibles fósiles.
La iniciativa, impulsada junto a Países Bajos, surge tras los limitados avances en consensos globales durante la COP28 y la COP30. Ahora, con un escenario internacional más complejo, el gobierno colombiano busca reunir a países que no solo respalden la transición energética en discurso, sino que estén listos para la acción en la práctica.
La cumbre, prevista para el 28 y 29 de abril, reunirá a al menos 45 países que ya confirmaron su asistencia, incluidos actores relevantes en la producción de hidrocarburos. La apuesta de Colombia es clara: avanzar más allá de los acuerdos multilaterales tradicionales y construir una alianza concreta que impulse decisiones vinculantes.
La ministra de Ambiente, Irene Vélez, ha insistido en que el objetivo es consolidar una coalición internacional enfocada en eliminar la dependencia del petróleo y el gas, responsables de gran parte del calentamiento global. Esta iniciativa cobra especial relevancia en un contexto donde los conflictos en Oriente Medio han evidenciado la fragilidad de los sistemas energéticos basados en combustibles fósiles.
Además, la cumbre buscará discutir mecanismos prácticos para transformar las economías de países productores, incluyendo la eliminación de subsidios a los hidrocarburos y la necesidad de rediseñar políticas fiscales que permitan una transición sostenible.
Uno de los puntos más complejos del debate será cómo países como Colombia pueden reducir su dependencia de los ingresos provenientes del petróleo sin afectar su estabilidad económica. Este es un dilema compartido por muchas economías del sur global, que enfrentan la presión de avanzar hacia energías limpias mientras mantienen sus finanzas públicas.
En este sentido, la agenda del encuentro incluirá discusiones sobre el alivio de la deuda externa como herramienta para facilitar la transición energética. La idea es permitir que los países puedan invertir en energías renovables sin comprometer su desarrollo económico.
También se analizarán estrategias para diversificar las economías y reducir el impacto social de la transición, especialmente en regiones donde la industria de los hidrocarburos es una fuente clave de empleo.
La posible participación de figuras internacionales como el gobernador de California, Gavin Newsom, refuerza el interés global en este espacio. Su presencia simbolizaría el respaldo de actores subnacionales que han liderado políticas climáticas ambiciosas, incluso en contextos políticos adversos.
La cumbre de Santa Marta llega en un momento decisivo. Mientras el mundo enfrenta una crisis energética global y un aumento en las emisiones, la necesidad de acciones concretas es cada vez más urgente. La propuesta de Colombia busca precisamente llenar ese vacío: pasar del compromiso a la implementación.
Sin embargo, el éxito de esta iniciativa dependerá de la capacidad de los ქვეყნ participantes para asumir compromisos reales y sostenibles en el tiempo. La transición energética no solo implica cambiar fuentes de energía, sino también redefinir modelos económicos, políticos y sociales.
En ese escenario, Colombia intenta posicionarse como un puente entre países desarrollados y en desarrollo, promoviendo un enfoque más equitativo y realista frente al cambio climático. La gran pregunta es si esta coalición logrará consolidarse y generar un impacto tangible o si quedará como otro intento en medio de un sistema internacional fragmentado.

