bajo el oceano la red secreta que conecta al mundo en segundos image1170x530cropped
Credit: courtesy of ASN - noticias ONU

En las profundidades de los océanos se extiende una infraestructura esencial para la vida moderna, aunque casi invisible para la mayoría de las personas: la red global de cables submarinos que sostiene internet y mantiene conectado al mundo. Correos electrónicos, videollamadas, transacciones bancarias, transmisiones en vivo y búsquedas en línea dependen de esta vasta malla de fibra óptica tendida bajo el mar.

La relevancia estratégica de estos cables es el eje central de la Segunda Cumbre Internacional sobre la Resiliencia de los Cables Submarinos, que se celebra los días 2 y 3 de febrero de 2026 en Oporto, Portugal, y reúne a gobiernos, empresas y organismos internacionales para debatir su protección y fortalecimiento.

La base silenciosa de la economía digital

Tomas Lamanauskas, vicesecretario general de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), explicó en diálogo con ONU Noticias que los cables submarinos son hoy la columna vertebral de la conectividad global.

“Alrededor del 99% del tráfico internacional de internet pasa por cables submarinos. Incluso esta conversación viaja a través de ellos”, señaló. Aunque el público suele asociar la conectividad con redes móviles, satélites o wifi, toda esa infraestructura depende, en última instancia, de estas “autopistas digitales” ocultas bajo el océano.

A través de los cables submarinos se realizan transacciones por billones de dólares cada día, garantizando el funcionamiento continuo de mercados financieros, servicios públicos, sistemas de seguridad y plataformas tecnológicas a escala mundial.

De los telégrafos al internet de alta velocidad

La idea de conectar continentes mediante cables submarinos no es nueva. En 1850, Inglaterra y Francia lograron su primera conexión telegráfica bajo el mar. Desde entonces, la tecnología ha evolucionado desde el telégrafo y la telefonía hasta los actuales cables de fibra óptica capaces de transmitir cientos de terabits de datos por segundo.

Hoy, estos cables —con un grosor similar al de una manguera de jardín— se extienden a lo largo de aproximadamente 1,7 millones de kilómetros, suficiente para rodear la Tierra varias veces. Su instalación requiere estudios detallados del lecho marino para minimizar riesgos geológicos y ambientales, y se realiza mediante buques especializados que despliegan los cables desde enormes carretes industriales.

Un sistema vulnerable

A pesar de su importancia crítica, los cables submarinos no están exentos de riesgos. Cada año se registran entre 150 y 200 incidentes, lo que equivale a tres o cuatro interrupciones semanales a nivel global.

Aunque fenómenos naturales como terremotos, deslizamientos submarinos o erupciones volcánicas pueden dañarlos, alrededor del 80% de los incidentes son causados por actividades humanas, principalmente anclas de barcos y redes de pesca de arrastre.

Lamanauskas recordó casos recientes de gran impacto, como los ocurridos en el mar Rojo en 2024, que llegaron a interrumpir hasta el 25% del tráfico de datos entre Europa y Asia, con consecuencias inmediatas para empresas, gobiernos y usuarios.

Cuando cada milisegundo cuenta

Las interrupciones pueden ser especialmente graves en regiones remotas. Tonga, por ejemplo, ha sufrido varias desconexiones importantes desde 2019 debido a terremotos, erupciones volcánicas y errores humanos. En lugares con poca redundancia de cables, un solo corte puede dejar incomunicada a toda una nación durante días o semanas.

“Imaginen una comunidad entera sin acceso a servicios de salud digital, educación o información durante una semana”, planteó Lamanauskas. “O el impacto en los mercados financieros si se produce un retraso de apenas un milisegundo. En el mundo digital, cada instante importa”.

Reparar y reforzar las autopistas del fondo marino

Además del desgaste natural, muchos cables instalados durante el auge de las empresas puntocom a comienzos de los años 2000 están llegando al final de su vida útil, estimada en unos 25 años.

Aunque las fallas técnicas suelen localizarse con rapidez, los mayores obstáculos para la reparación suelen ser burocráticos. Obtener permisos y coordinar acciones entre múltiples jurisdicciones puede retrasar los trabajos más que la reparación misma. Dependiendo de la ubicación y la gravedad del daño, las labores pueden tardar desde días hasta varios meses.

Instalar nuevos cables tampoco es sencillo: son proyectos que requieren años de planificación y fuertes inversiones. Los más cortos cuestan millones de dólares, mientras que los sistemas transoceánicos pueden superar fácilmente los cientos de millones.

El rol de la UIT y el futuro digital

Como agencia de la ONU especializada en tecnologías digitales, la UIT no repara cables directamente, pero trabaja para crear un entorno más eficiente y resiliente. Sus esfuerzos se centran en armonizar normas, reducir los tiempos de permisos, establecer puntos de contacto claros entre países y promover prácticas sostenibles.

“En los últimos 40 años, la capacidad de los cables ópticos ha crecido un 40% anual. Ese crecimiento exponencial ha impulsado la expansión de internet”, explicó Lamanauskas.

En un contexto de demanda creciente de datos y conectividad, fortalecer estas autopistas invisibles será clave para garantizar la estabilidad económica, el acceso a la información y el desarrollo digital global en las próximas décadas.

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