Colombia enfrenta actualmente una de las coyunturas más complejas en materia de gestión de riesgos y desastres en su historia reciente. En un escenario caracterizado por la convergencia de dos eventos hidrometeorológicos y geológicos de gran magnitud, la institucionalidad del país y los cuerpos de socorro operan a su máxima capacidad. Por un lado, las autoridades nacionales y territoriales aún mantienen despliegues prioritarios para atender las graves consecuencias humanas y de infraestructura dejadas por el terremoto que sacudió recientemente a la nación. Por el otro, el avance inclemente del fenómeno de El Niño ha desencadenado una ola severa de calor y sequía, elevando a niveles críticos el riesgo de desastre forestal en varias regiones del territorio colombiano.
De acuerdo con los reportes oficiales emitidos por el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) y los balances presentados por la gestión del Gobierno Nacional, un total de 340 municipios del país se encuentran en alerta roja por incendios. Esta condición de amenaza máxima responde a las altas temperaturas registradas en los últimos días, la drástica disminución de las precipitaciones en las cuencas hidrográficas clave y la acumulación de vegetación seca que actúa como combustible natural ante cualquier chispa o quema no controlada.
Monitoreo institucional y regiones bajo amenaza crítica
La propagación vertiginosa de las conflagraciones ha llevado a que los organismos de socorro —integrados por el Cuerpo Oficial de Bomberos, la Defensa Civil Colombiana, la Cruz Roja y las Fuerzas Militares— multipliquen sus esfuerzos logísticos. El departamento del Tolima se ubica en el centro de la atención nacional debido a la presencia de incendios activos de gran magnitud que amenazan importantes coberturas vegetales, áreas de reserva ecológica y asentamientos rurales. Sin embargo, la emergencia no es aislada: diversos departamentos del interior, la región andina y la cobertura del Caribe colombiano experimentan focos recurrentes que exigen una respuesta rápida para evitar la pérdida irreversible de biodiversidad.
El Ideam ha reiterado sus advertencias sobre la persistencia de las condiciones propicias para la ocurrencia de emergencias de origen térmico. Según la entidad meteorológica, la combinación de radiación solar extrema y bajos porcentajes de humedad relativa continuará durante las próximas semanas, lo que podría consolidar o incrementar el número de municipios en categoría de riesgo extremo si no se acatan estrictamente las medidas preventivas.
Coordinación gubernamental frente a la doble crisis ambiental y sísmica
Frente a este complejo panorama, el Gobierno Nacional ha dispuesto la unificación de mesas técnicas de mando unificado (PMU) para coordinar de manera simultánea la atención de la infraestructura colapsada por el sismo y la contención del fuego en las zonas forestales. La superposición de ambos eventos ha presionado los recursos disponibles, obligando a reordenar las operaciones de helicópteros con sistema Bambi Bucket, aeronaves de reconocimiento y equipos de respuesta en tierra para abastecer simultáneamente la logística humanitaria en áreas afectadas por el movimiento telúrico y las tareas de extinción en montañas de difícil acceso.
Las autoridades locales en los 340 municipios afectados por la alerta máxima han activado sus respectivos planes de contingencia, prohibiendo categóricamente las llamadas quemas controladas en actividades agrícolas, el uso de pirotecnia y las fogatas en zonas de camping o paseos de olla. Asimismo, se ha solicitado a las empresas de servicios públicos monitorear los niveles de los embalses y bocatomas ante una eventual escasez de agua potable en los cascos urbanos.
Llamado a la prevención y a la vigilancia comunitaria
La prevención y la alerta temprana son los factores clave para contener el impacto de esta crisis ambiental. Los directores y voceros de la gestión del riesgo han hecho un llamado vehemente a las comunidades rurales y urbanas para que reporten de inmediato cualquier columna de humo o sospecha de inicio de conflagración.
El fenómeno de El Niño amenaza con continuar escalando en intensidad, lo que prolongará el estrés hídrico y las condiciones extremas en la vegetación. Con cientos de hectáreas de bosque nativo, cultivos y áreas protegidas bajo riesgo constante, las autoridades recuerdan que más del 90% de los incendios forestales son causados de manera directa o indirecta por la acción humana. En consecuencia, el rigor en los controles, las sanciones a infractores y la coordinación interinstitucional serán determinantes para evitar que este doble escenario de desastre natural deje huellas irreparables en la ecología y la economía del país.


