Una profunda situación de emergencia se vive en el sur de México y gran parte del territorio de Guatemala tras registrarse un violento terremoto de magnitud 7,4 en la escala de Richter. El potente movimiento telúrico, que tuvo lugar este viernes 17 de julio, ha desatado una constante y preocupante cadena de réplicas que mantienen en vilo a las autoridades de gestión de riesgo y a la población de ambos países. La gravedad del sismo principal obligó a la activación inmediata de una alerta de tsunami para las costas del Pacífico sur, incrementando los protocolos de seguridad en las zonas costeras expuestas.

De acuerdo con los reportes oficiales del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), la actividad sísmica no ha dado tregua en las horas posteriores al evento principal. Las réplicas registradas en la costa mexicana han alcanzado magnitudes considerables, indexando movimientos sucesivos de 5,3; 5,1; 6,0; 5,0 y 5,1 grados. Esta secuencia de fenómenos naturales ha complicado las labores de evaluación de daños debido al temor latente de colapsos estructurales en las edificaciones previamente resentidas por el sismo mayor.

Monitoreo en el epicentro y la amenaza de tsunami

El desglose cronológico de los hechos detalla que a las 10:14 hora local se percibió el primer gran remezón posterior al terremoto. Este sismo secundario se localizó en las inmediaciones de Puerto Madero, en el estado de Chiapas, mostrando una magnitud de 5,3 y caracterizándose por una profundidad superficial menor a los 30 kilómetros, lo que provocó que la población sintiera el movimiento con una intensidad severa. Según los datos del Sistema Geológico, el fenómeno se originó directamente en el área marítima, fijando una latitud de 14,19 y una longitud de -93,10.

Pocos minutos después, la naturaleza volvió a manifestarse con un nuevo sismo de magnitud 5,1 en la misma región de Puerto Madero. Sin embargo, la mayor zozobra llegó con la tercera réplica documentada, la cual se consolidó como la más fuerte de la jornada al alcanzar los 6,0 grados de magnitud, localizando su epicentro a unos 90 kilómetros de la zona costera previamente afectada. El ciclo de inestabilidad tectónica continuó manifestándose mediante un cuarto y un quinto sismo de 5,0 y 5,1 grados de magnitud respectivamente, ocurridos con un estrecho intervalo de apenas 20 minutos de diferencia entre sí.

Frente a la constante liberación de energía en el lecho marino, el Centro de Alerta de Tsunamis de la Secretaría de Marina (CAT-SEMAR) emitió un boletín oficial de advertencia para el litoral del Pacífico. Las autoridades marítimas indicaron que la zona de mayor afectación potencial comprende las costas de los estados de Chiapas y Oaxaca, en el sur mexicano. En estas regiones se prevén variaciones críticas en el nivel del mar que podrían alcanzar hasta 105 centímetros sobre la marea astronómica habitual, lo que implicaría un riesgo inminente para las comunidades de pescadores y los complejos turísticos ubicados a orillas de la playa.

Despliegue de los cuerpos de emergencia en el sur de México

La respuesta institucional ante la crisis no se ha hecho esperar. La Secretaría de Protección Civil del Estado de Chiapas comunicó de manera oficial, mediante sus canales informativos en la red social X, que todos sus comités se encuentran en un estado de monitoreo constante y activo para evaluar las condiciones específicas de las distintas regiones geográficas de la entidad. Aunque hasta el momento no se ha emitido un balance definitivo que confirme pérdidas humanas directas, las autoridades prefieren actuar con extrema cautela debido a la naturaleza impredecible de las réplicas.

Paralelamente, el personal operativo de emergencias de las diversas entidades municipales se ha desplegado de forma masiva en terrenos vulnerables. Las brigadas civiles están realizando rigurosos recorridos de monitoreo orientados a la rápida identificación de afectaciones en líneas de energía, suministros de agua potable y la estructura de las principales carreteras que conectan al sur de México con la frontera centroamericana. Se ha solicitado a la población civil que evite difundir rumores y que permanezca atenta a las rutas de evacuación designadas hacia zonas elevadas en caso de confirmarse la entrada de ondas de tsunami.

Pánico y evacuaciones de alta prioridad en Guatemala

Los efectos del sismo de 7,4 y sus réplicas traspasaron las fronteras políticas, afectando de forma contundente a la vecina República de Guatemala. En dicho territorio, el Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh) reportó la ocurrencia de dos sismos independientes de magnitudes 5,0 y 5,6 que sacudieron con fuerza gran parte del país durante la mañana del viernes. El sismo de mayor escala en suelo guatemalteco se documentó a las 8:48 hora local (14:48 GMT), situando su epicentro en el noroccidental departamento de Quetzaltenango.

Este evento sísmico de 5,6 generó escenas de pánico generalizado en la capital guatemalteca, forzando la evacuación inmediata de múltiples sedes corporativas y oficinas del sector público, entre las que se incluyó el Congreso de la República. La situación escaló a niveles de alta prioridad cuando el propio presidente del país, Bernardo Arévalo de León, se vio obligado a interrumpir sus labores y evacuar de emergencia las instalaciones de la Casa Presidencial junto a los miembros de su equipo cercano de trabajo.

Luego de ponerse a salvo en los puntos de reunión previamente asignados como medidas de precaución, el mandatario Arévalo de León emitió un mensaje de urgencia dirigido a la nación. El jefe de Estado solicitó mantener la calma y actuar con la máxima serenidad posible, enfatizando en la importancia de desalojar los inmuebles de manera ordenada para evitar tragedias por estampidas ante la inminencia de nuevas réplicas.

Por su parte, la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred) en conjunto con los cuerpos de bomberos del país, ratificó que mantienen un monitoreo continuo a nivel nacional. Los esfuerzos se concentran en evaluar la resistencia de las infraestructuras vulnerables en el interior de Guatemala, prestando especial atención a las construcciones de adobe y a las zonas montañosas propensas a deslizamientos de tierra debido a la fuerte sacudida tectónica en el océano Pacífico.

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