El grupo armado organizado ELN ha generado una nueva alerta nacional al anunciar la finalización de un proceso que denominan como «juicio revolucionario».

Dos funcionarios del Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) de la Fiscalía General de la Nación, secuestrados hace un año en Arauca, habrían recibido una sentencia por parte de la organización insurgente.

El frente de guerra oriental de la guerrilla confirmó que los agentes fueron hallados «responsables» de actividades de inteligencia técnica en zonas de control guerrillero.

Esta situación agrava la crisis del conflicto armado en el oriente del país, donde la población civil queda atrapada entre las acciones de grupos ilegales y la respuesta estatal.

El Gobierno nacional, a través del Ministerio de Defensa, ha calificado este acto como una flagrante violación a la soberanía judicial de Colombia.

No se han entregado pruebas de supervivencia recientes, lo que aumenta la angustia de los familiares de los servidores públicos retenidos.

¿Qué implica el juicio revolucionario anunciado por el ELN?

La guerrilla utiliza el término «juicio revolucionario» para intentar dar una apariencia de legalidad a sus actos de retención ilegal y ajusticiamiento en el marco del conflicto armado.

Según el comunicado del frente oriental, los dos funcionarios del CTI fueron procesados por supuestas faltas contra la seguridad de las unidades insurgentes en la región de Arauca.

Este tipo de prácticas son consideradas crímenes de guerra por la comunidad internacional, ya que ignoran las garantías mínimas de defensa y el debido proceso.

Para el ELN, estos juicios son una herramienta de control territorial y una forma de enviar mensajes directos a las instituciones del Estado colombiano.

La noticia ha caído como un balde de agua fría en las mesas de diálogo, que atraviesan momentos de alta tensión debido a la persistencia del secuestro.

Expertos en seguridad señalan que estas acciones buscan presionar canjes o concesiones políticas en medio de la confrontación militar que persiste en diversas zonas.

¿Cuál ha sido la respuesta del Gobierno ante la condena en Arauca?

    El ministro de Defensa ha sido enfático al declarar que «ninguna organización criminal tiene la potestad de juzgar a los ciudadanos colombianos», mucho menos a servidores de la justicia.

    Desde la Fuerza Pública se han intensificado las operaciones en Arauca para intentar dar con el paradero de los agentes, aunque el riesgo para su integridad es elevado.

    El conflicto armado en esta zona es particularmente complejo debido a la frontera con Venezuela, lo que facilita la movilidad de las estructuras del ELN.

    La Oficina del Alto Comisionado para la Paz también se pronunció, exigiendo la liberación inmediata y sin condiciones de los miembros del CTI bajo la protección del Derecho Internacional Humanitario.

    La sociedad civil y diversas ONG han convocado a plantones en Bogotá y Arauca para rechazar la instrumentalización de la vida humana en el marco de la guerra.

    A pesar de los llamados a la paz, la guerrilla mantiene su postura desafiante, condicionando la entrega de los retenidos a la suspensión de operativos militares.

    ¿Cómo afecta esto el futuro de las negociaciones de paz?

      El anuncio del ELN pone en jaque la credibilidad de cualquier proceso de acercamiento, ya que el secuestro y los juicios ilegales contradicen la voluntad de desescalamiento.

      Muchos sectores políticos piden que el Gobierno suspenda los diálogos hasta que se verifique la situación real de los funcionarios sentenciados en Arauca.

      El conflicto armado requiere gestos de paz reales, pero la imposición de sentencias por parte de grupos ilegales aleja cualquier posibilidad de consenso social.

      Si la guerrilla no entrega pruebas de vida o ignora los convenios de Ginebra, la presión internacional sobre el grupo aumentará significativamente en los próximos meses.

      Arauca sigue siendo el epicentro de una tragedia que parece no tener fin, donde la justicia estatal es desafiada por la fuerza de las armas y la ideología radical.

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