El gobierno de El Salvador confirmó este miércoles un movimiento estratégico de gran envergadura al desplegar un contingente de más de 2.000 militares directamente en Haití. El objetivo principal de esta operación a gran escala es la localización y el rescate de cuatro soldados salvadoreños que se encuentran desaparecidos desde hace diez días. Los uniformados, quienes formaban parte de la Fuerza de Supresión de Pandillas (GSF) —una misión que cuenta con el respaldo de la Organización de Naciones Unidas—, perdieron contacto el pasado 18 de octubre. La desaparición se produjo cuando el vehículo blindado en el que se trasladaban de regreso a su base, tras visitar un mercado en las afueras de Puerto Príncipe, fue interceptado y atacado en una violenta emboscada perpetrada por bandas armadas locales.

Ante la gravedad de la situación, la cancillería salvadoreña emitió un comunicado oficial en el que precisó que el país continuará con este despliegue operativo masivo para salvaguardar a sus aerotécnicos. Dicha maniobra militar cuenta además con el respaldo logístico y político de diversos gobiernos y organismos internacionales que observan con preocupación la escalada de violencia en la región caribeña. La revelación de la cifra exacta de efectivos desplazados se dio a conocer luego de que el presidente salvadoreño, Nayib Bukele, mantuviera una conversación telefónica con el primer ministro de Haití, Alix Didier Fils-Aimé, para coordinar de manera directa las acciones del operativo de búsqueda. Durante este intercambio diplomático, el mandatario destacó la contundencia del operativo y reafirmó la firme disposición de su administración de seguir colaborando en las labores de seguridad orientadas a desarticular a los grupos delictivos.

Ultimátum y tensiones en torno a hallazgos forenses

La respuesta gubernamental ha estado marcada por una postura inflexible desde los primeros momentos de la crisis. Una semana atrás, a través de un mensaje difundido en la red social X y redactado en criollo haitiano, el presidente Bukele lanzó un ultimátum directo a las pandillas haitianas, advirtiéndoles que las acabaría de la misma forma en que asegura haberlo hecho con las estructuras criminales en El Salvador si no liberaban a los salvadoreños. Paralelamente a estas advertencias, el flujo de tropas comenzó a intensificarse hacia las zonas críticas, concentrándose principalmente en el sector de Plaine du Cul-de-Sac, en las inmediaciones de la capital haitiana.

La tensión en torno a la búsqueda aumentó de forma notable cuando la propia GSF informó el pasado domingo que había recibido restos humanos localizados inicialmente por el personal de una organización no gubernamental. Sin embargo, la misión multinacional aclaró con prudencia que en ese momento no se encontraba en condiciones técnicas de confirmar si dichos restos correspondían efectivamente al personal militar desaparecido. Este descubrimiento había sido filtrado y difundido un día antes por medios internacionales como The New York Times, lo que motivó una rápida reacción de Bukele, quien descartó categóricamente la hipótesis mediante un mensaje en el que sentenció: «No son nuestros hombres». La incertidumbre sobre el paradero de los uniformados mantiene en vilo tanto a las autoridades militares como a las delegaciones diplomáticas presentes en el terreno.

Una crisis estructural y el rol de la misión multinacional

La compleja misión de rescate se desarrolla en medio del colapso institucional que afecta a Haití, reconocido como el país más empobrecido del continente americano. La nación caribeña arrastra desde hace años una profunda crisis estructural que se ha visto drásticamente agravada en los tiempos recientes debido al incremento desmedido de asesinatos, secuestros, violaciones y el reclutamiento forzado de menores perpetrado por las redes delictivas.

En este contexto adverso, la Fuerza de Supresión de Pandillas avanza de manera paulatina en su labor de apoyo a la policía local, la cual se encuentra severamente desbordada y superada en capacidad de fuego por la criminalidad organizada. Si bien los planes operativos de la misión contemplan alcanzar un total de 5.500 efectivos desplegados en el país, hasta el momento el contingente operaba con apenas 2.000 integrantes procedentes de seis naciones distintas. La creación de esta coalición internacional fue autorizada formalmente hace exactamente un año por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas con el propósito fundamental de neutralizar a las bandas armadas y propiciar las condiciones necesarias para la estabilización política y social de Haití. Ahora, con la incorporación masiva del nuevo contingente enviado por El Salvador, la dinámica de seguridad en la zona afronta un punto de inflexión decisivo tanto para el destino de los soldados buscados como para el futuro de la propia intervención internacional.

Entérate con El Expreso