La jornada de movilizaciones convocada este sábado en diversas localidades del territorio francés ha derivado en los primeros enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad y los manifestantes, con episodios de especial intensidad en la ciudad de Lyon. Aunque la mañana transcurrió bajo una relativa calma en la mayor parte del país, el incremento de la tensión a partir del mediodía obligó a la intervención de las unidades antidisturbios en varios puntos estratégicos.

Las concentraciones, motivadas por las quejas ciudadanas ante el encarecimiento de la vida, el malestar del sector estudiantil y el retorno de las reivindicaciones vinculadas a los ‘chalecos amarillos’, han puesto de nuevo a prueba la capacidad de respuesta del Ejecutivo francés. Ante el riesgo de alteración del orden público, el Gobierno ha optado por blindar las principales arterias urbanas y proteger la infraestructura crítica.

Escaramuzas e intervención policial en los núcleos urbanos

Según el balance ofrecido por el ministro del Interior, Laurent Nuñez, hasta las 13:00 horas (11:00 GMT) la situación se mantenía bajo control y sin registro de incidentes de gravedad. Sin embargo, rebasada esa hora, se produjeron las primeras escaramuzas en la tercera urbe más poblada del país. En Lyon, las fuerzas del orden recurrieron al uso de bombas lacrimógenas para disolver un grupo compuesto en su mayoría por estudiantes. Dicha aglomeración se había desviado del trazado que las autoridades habían autorizado previamente.

La Prefectura justificó el desalojo de la zona tras detectar la presencia de personas con el rostro cubierto, lo que generó un temor fundado ante la posibilidad de que se cometieran actos vandálicos o daños al mobiliario urbano. Un escenario similar se vivió en Niza, al sureste del país, donde las autoridades de seguridad tuvieron que emplear cañones de agua para despejar una plaza pública ocupada de forma no regulada.

Por su parte, en París la marcha principal discurrió en su mayor parte dentro de los márgenes fijados por la Prefectura de Policía, lejos de los centros comerciales y de los edificios gubernamentales. No obstante, se registró un momento de altercado cuando un grupo nutrido de participantes intentó invadir la autopista de circunvalación que rodea la capital. La rápida actuación de los efectivos policiales impidió el bloqueo de esta importante vía de comunicación, restableciendo la circulación al poco tiempo.

En otras zonas del país, como en la ciudad de Orleans, la jornada exigía una vigilancia reforzada debido a la coincidencia espacio-temporal del Congreso de la formación Agrupación Nacional, liderada por Marine Le Pen, y una marcha convocada por colectivos antifascistas. A pesar de la complejidad del operativo, las manifestaciones en esta localidad del centro de Francia se desarrollaron sin que se notificaran altercados de relevancia.

Operativo de seguridad sin precedentes para evitar saqueos

La convocatoria de este sábado constituye el segundo fin de semana consecutivo de movilizaciones callejeras impulsadas por la pérdida del poder adquisitivo y el incremento sostenido de los precios de los servicios básicos y alimentos. El antecedente de la semana previa, en la que se registraron episodios de guerrilla urbana y daños a unos 3.000 establecimientos comerciales que sufrieron saqueos y destrozos, llevó al Ministerio del Interior a extremar las precauciones.

Para responder a la convocatoria y evitar la repetición de los disturbios pasados, las autoridades ordenaron un despliegue “significativo” de las fuerzas de seguridad en todo el territorio nacional. En total, cerca de 70.000 agentes de la Policía Nacional y la Gendarmería han sido movilizados para controlar los flujos de manifestantes, vigilar el cumplimiento de las rutas acordadas y proteger el comercio local.

El dispositivo gubernamental busca mantener un equilibrio entre el respeto al derecho de manifestación y la contención de los elementos violentos que buscan desestabilizar las protestas pacíficas. A medida que avanza la tarde, la atención se centra en la evolución de los grupos dispersos en las grandes ciudades, mientras las fuerzas de seguridad mantienen la alerta máxima en los puntos de mayor concentración.

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