reencausar el conocimiento mao
Credito: Christian Orrego

Un negocio puede volver a abrir sus puertas y, aun así, estar lejos de su
recuperación, puede tener sus luces encendidas, atender a los clientes y exhibir sus
productos, pero detrás del mostrador se encuentran acumuladas las cuentas
pendientes, las obligaciones financieras y el temor de no poder sostenerse el mes
siguiente.

Esta es una triste realidad que merece atención no solo en Pereira, sino en cada uno
de los municipios afectados por el terremoto del pasado 10 de agosto, que golpeó
fuertemente a comerciantes, trabajadores y miles de familias que encontraron en sus
emprendimientos una forma de construir su futuro.

No se trata únicamente de exhibir las cifras, como las del pasado 16 de octubre
donde se dio a conocer a la opinión publica que 319 empresarios que habían sido
afectados, comenzarían a recibir incentivos, proyectando una inversión de unos
7.000 millones de pesos; pero más allá de estos anuncios y de las cifras, debemos
plantearnos ¿qué ocurre cuando la ayuda se termina y las obligaciones continúan?

Porque la realidad de nuestros emprendedores y de nuestros comerciantes va
mucho más allá de abrir las puertas cada mañana y cumplir jornadas de diez o doce
horas, necesita clientes, proveedores, flujo de caja y condiciones reales para
sostener el empleo en un mercado que no da tregua, mientras que a su vez se
intenta salir de una crisis.

Levantarse también implica que deben responder por las deudas acumuladas antes
de la tragedia y enfrentar gastos fijos que no se congelan por el hecho de volver a
empezar, por estas y muchas otras circunstancias es que la recuperación económica
no puede medirse sumando incentivos entregados o contando locales que vuelven a
funcionar, porque ¿cuántos empleos se van a salvar? y ¿cuántas familias recuperan
la estabilidad perdida?.

La transparencia no consiste únicamente en anunciar cifras millonarias o el número
de beneficiarios, también se compone de un seguimiento real, porque la ciudadanía
desea conocer que resultados se esperan y cómo comprobar, si esos recursos
realmente construyeron algo sostenible, pero para eso también debemos reconocer
con honestidad las dificultades que aun persisten, porque el verdadero desafió
continua siendo el crear un entorno donde el comercio local vuelva a ser competitivo,
acompañado a su vez, de una comunidad que lo respalde comprando de manera
local, porque la responsabilidad institucional y gremial no termina con una entrega
de cheques.

Ninguno desconoce el valor de las ayudas inmediatas, porque quien cuenta con
cinco millones de pesos, para aliviar la urgencia de reponer por un equipo o
recuperar algo de inventario, pero debemos ser cocientes que ese monto por sí
solo, no devuelve la rentabilidad, ni garantiza la tranquilidad de un hogar a largo
plazo.

Una ciudad no se reconstruye solo con cemento, ladrillos o promesas de inversión,
se levanta cuando el empresario y comerciante traduce esto en ventas tangibles,
cuando los trabajadores aseguran su sustento y las familias dejan atrás la angustia
de no saber si llegarán a fin de mes.

Porque ayudar a alguien a levantarse es apenas el primer paso; crear las
condiciones para que permanezca en pie es lo verdaderamente exigente, porque la
verdadera recuperación no se pregona con estadísticas; se demuestra en el día a
día de quienes siguen luchando por salir adelante.

Por: Crhistian Londoño

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