El debate sobre la estructura del gasto público en Colombia ha sumado un nuevo capítulo definitivo tras conocerse el balance de las acciones legales y legislativas frente al Ministerio de la Igualdad y Equidad. La senadora y precandidata presidencial Paloma Valencia ha vuelto a poner en la agenda pública los cuestionamientos hacia los mecanismos de contratación utilizados por un fondo adscrito a dicha cartera, señalando lo que a su juicio constituye una administración irregular de los recursos estatales mediante figuras de derecho privado.

De acuerdo con las declaraciones de la congresista, los recursos bajo la lupa ascienden a 140.000 millones de pesos, los cuales habrían sido destinados a la vinculación de personal a través del denominado Fondo para la Superación de Brechas de Desigualdad. Las críticas se centran en que estos procesos habrían permitido eludir las normativas estándar de contratación pública, abriendo el camino a una burocracia que la oposición califica de ineficiente y desproporcionada.

El funcionamiento del esquema de derecho privado bajo la lupa

El núcleo de la controversia radica en la modalidad jurídica empleada para administrar los fondos estatales asignados a esta cartera. Según la denuncia sostenida por Valencia, el uso de la figura de derecho privado para la ejecución de presupuestos públicos permite que las entidades flexibilicen de forma extrema las condiciones de contratación, dejando de lado los principios consagrados en la Ley 80 de 1993, que regula la contratación pública en Colombia.

La legisladora argumentó que este mecanismo actúa como un «fondo paralelo» que posibilita la elusión de la selección objetiva y de los procesos de licitación pública tradicionales. Bajo este esquema, el fondo adscrito a la cartera habría contratado directamente a un total de 4.200 personas. Desde la perspectiva de los sectores de oposición, este tipo de herramientas normativas reduce significativamente la transparencia y dificulta el control fiscal inmediato por parte de los organismos correspondientes, asimilando el uso de los recursos públicos al de los presupuestos de corporaciones o empresas puramente privadas.

Para la senadora, la creación de este tipo de plantas de personal paralelas representa una contradicción frente a las metas de eficiencia del Estado. La denuncia subraya que este volumen de contrataciones no se tradujo en una ejecución efectiva de las políticas sociales de la cartera, sino en un incremento del aparato burocrático que terminó beneficiando a sectores cercanos al Gobierno Nacional.

El fallo de la Corte Constitucional y la ausencia de aval fiscal

El escenario jurídico de esta cartera cambió drásticamente luego de que la Corte Constitucional emitiera un fallo definitivo que determinó la inexequibilidad de la ley creadora del Ministerio de la Igualdad. El alto tribunal basó su decisión en un argumento técnico insalvable: la falta de aval fiscal por parte del Ministerio de Hacienda durante el trámite legislativo de la norma.

El principio de sostenibilidad fiscal exige que toda ley que implique un gasto público de gran envergadura o la creación de nuevas estructuras administrativas cuente con un análisis explícito y un aval del Ejecutivo que garantice que las finanzas del Estado pueden soportar dicha carga a largo plazo. Al comprobarse que este requisito no se cumplió de forma rigurosa, el tribunal constitucional optó por tumbar la vigencia de la entidad.

Valencia celebró la decisión judicial como una victoria de las demandas interpuestas por los sectores de la oposición, señalando que el fallo judicial valida las advertencias que se venían realizando desde la instalación de la cartera sobre los riesgos de sostenibilidad y la falta de planeación presupuestal de la iniciativa gubernamental.

La estrategia parlamentaria en las comisiones de oposición

Tras el pronunciamiento de la Corte Constitucional, el futuro del enfoque institucional de la igualdad dependía de los intentos del oficialismo por tramitar un nuevo proyecto de ley que subsanara los errores del texto original. Sin embargo, la dinámica al interior del Congreso de la República tomó un rumbo restrictivo debido al uso de herramientas constitucionales por parte de las bancadas declaradas en oposición.

Aprovechando las prerrogativas del Estatuto de la Oposición, los parlamentarios críticos con el Gobierno convocaron de manera prioritaria las sesiones de oposición, un mecanismo que les permite fijar el orden del día y dar prelación a debates de control político y proyectos propios sobre la agenda del Gobierno Nacional.

Esta maniobra legislativa, liderada en sus últimas semanas en el Senado por la propia Paloma Valencia tras su participación en la contienda por la candidatura presidencial de su partido, bloqueó de manera efectiva los tiempos requeridos para que un nuevo proyecto de ley orientado a revivir el Ministerio de la Igualdad fuera debatido y aprobado antes del cierre de las sesiones legislativas ordinarias. Con el hundimiento de las iniciativas por falta de trámite, el aparato burocrático de la cartera quedó formalmente disuelto, cerrando la posibilidad de que continúe operando el esquema de contratación directa que originó el debate nacional.

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