La Superintendencia de Industria y Comercio oficializó la salida de Cielo Rusinque como cabeza de la entidad, luego de que el Consejo de Estado anulara su nombramiento al determinar que no cumplía con los requisitos exigidos por la ley para ocupar el cargo. La decisión se produjo en única instancia y derivó en la aceptación de su renuncia por parte del Gobierno Nacional.
El fallo del alto tribunal concluyó que Rusinque no acreditó la formación académica requerida, específicamente un posgrado en nivel de maestría o doctorado en áreas afines, como lo establece el Decreto 1083 de 2015. Además, la Sala encontró que no se cumplían plenamente los criterios relacionados con la experiencia profesional exigida para liderar la entidad.
La ahora exfuncionaria había sido designada en febrero de 2024, pero su nombramiento fue objeto de demandas de nulidad electoral que cuestionaban el cumplimiento de los requisitos legales. Tras el análisis del caso, el tribunal determinó que los títulos presentados no podían ser considerados equivalentes a los exigidos, en parte porque uno de ellos se encontraba en proceso de convalidación.
En medio de este escenario, el Gobierno, a través del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, designó como superintendente encargado a Diego Solano, quien venía desempeñándose como jefe de asesores dentro de la entidad y era uno de los colaboradores más cercanos de Rusinque.
Solano llegó a la Superintendencia en febrero de 2024 junto a la exsuperintendente. Es abogado, especialista en derecho comercial y cuenta con una maestría en derecho. Además, ha sido contratista de la entidad durante varios años y ha ejercido como docente universitario, lo que respalda su perfil técnico para asumir el encargo.
El nombramiento, sin embargo, es de carácter temporal. La designación busca garantizar la continuidad operativa de la entidad mientras el Ejecutivo define si ratifica a Solano en propiedad o nombra a un nuevo titular. Incluso, dentro de la entidad existía expectativa sobre la posibilidad de que Rusinque fuera nuevamente considerada, tras ajustes recientes en los requisitos para el cargo.
La salida de Rusinque marca un nuevo episodio en la dirección de la Superintendencia, una entidad clave en la vigilancia de la competencia, la protección de los derechos de los consumidores y la supervisión de los mercados en Colombia. El cambio se produce en un momento de alta relevancia institucional, en el que la entidad mantiene funciones estratégicas en materia regulatoria.
Por ahora, la administración nacional opta por una transición interna que preserve la línea de trabajo mientras se toman decisiones definitivas sobre el liderazgo de la Superintendencia, en medio de un contexto jurídico que vuelve a poner en el centro del debate el cumplimiento de los requisitos para el ejercicio de cargos públicos.

