La escasez de medicamentos para el tratamiento de trastornos mentales en Colombia encendió las alertas del gremio médico, ante las dificultades que enfrentan miles de pacientes para acceder a fármacos esenciales. La situación afecta especialmente a personas con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), así como a quienes requieren tratamientos para depresión, ansiedad y esquizofrenia.
De acuerdo con especialistas en psiquiatría, se ha registrado un desabastecimiento sostenido de medicamentos como el metilfenidato, ampliamente utilizado en el manejo del TDAH. Esta condición, que suele diagnosticarse desde la infancia, requiere tratamiento continuo para mejorar la calidad de vida de niños y adolescentes, por lo que la falta del fármaco genera preocupación en varias regiones del país.
La problemática no se limita a este medicamento. También se han reportado dificultades en el acceso a antidepresivos como la venlafaxina, fármacos para el trastorno obsesivo compulsivo como la clomipramina, y antipsicóticos como la paliperidona inyectable. A estos se suman otros tratamientos como la quetiapina y el lorazepam, utilizados en casos de ansiedad, depresión, bipolaridad y esquizofrenia.
Según el gremio médico, las causas del desabastecimiento son múltiples y obedecen a factores tanto nacionales como internacionales. Entre ellos se encuentran problemas en la cadena de producción, escasez de insumos, vencimientos de registros sanitarios y fallas en los procesos de distribución. A esto se agregan reportes sobre dificultades en la entrega de medicamentos por parte de algunas EPS.
En regiones específicas del país, la situación se agrava por factores adicionales. En departamentos como Nariño, por ejemplo, también se han identificado afectaciones en los servicios de salud asociadas a problemas financieros, lo que incrementa las barreras para que los pacientes reciban sus tratamientos de manera oportuna.
Los especialistas advierten que la interrupción de estos medicamentos puede tener consecuencias graves. La suspensión abrupta de los tratamientos no solo compromete los procesos terapéuticos, sino que puede generar recaídas, descompensaciones clínicas y un agravamiento de los síntomas, con riesgos que incluso podrían poner en peligro la vida de los pacientes.
Además, la falta de continuidad en la medicación puede derivar en hospitalizaciones, pérdida de estabilidad clínica y mayores dificultades para retomar el control de las enfermedades mentales, especialmente en casos de larga evolución que requieren seguimiento permanente.
Ante este panorama, el llamado del gremio médico está dirigido a las autoridades de salud y a los actores del sistema para coordinar acciones que garanticen el suministro continuo de estos medicamentos. También insisten en la necesidad de fortalecer el monitoreo de la situación y reactivar espacios de trabajo conjunto que permitan proteger el derecho a la salud de las personas que dependen de estos tratamientos en el país.

