En el mar de China Meridional, uno de los puntos más sensibles del tablero geopolítico global, Pekín ha desplegado una estrategia poco convencional: movilizar masivamente su flota pesquera para formar auténticos “muros” marítimos.
El 11 de enero, al menos 1.400 barcos de pesca abandonaron sus rutas habituales y se agruparon de manera coordinada en un punto intermedio entre China y Japón, formando una barrera de aproximadamente 300 kilómetros de largo. La densidad del despliegue obligó a buques mercantes a maniobrar para esquivarlos o cambiar de ruta,no fue un hecho aislado. El 25 de diciembre de 2025, más de 2.000 embarcaciones formaron una “L” invertida en la misma zona estratégica, en una maniobra que, según analistas, lograba dividir simbólicamente a Taiwán de algunos de los principales puertos del continente.
China lleva años consolidando su presencia en el mar de China Meridional mediante la construcción de islas artificiales, el despliegue de buques de guerra y ejercicios militares regulares. El objetivo: reforzar su reclamación de soberanía sobre territorios que también reclaman Japón y Taiwán. Ahora, la utilización coordinada de barcos pesqueros —lo que varios expertos denominan “milicia marítima”— añade una nueva capa de complejidad. Al tratarse de embarcaciones civiles, su presencia dificulta una respuesta militar directa por parte de otros países, ya que cualquier ataque podría interpretarse como una agresión contra población civil.
En un escenario de crisis, esta táctica podría servir para bloquear rutas marítimas críticas, entorpecer despliegues navales o dificultar el suministro logístico de fuerzas aliadas, algunos analistas estadounidenses han sugerido que estas concentraciones masivas podrían cumplir una doble función: no solo bloquear físicamente el tránsito, sino también actuar como señuelos. Una gran cantidad de objetivos pequeños en radar podría saturar sistemas de defensa y ocultar movimientos de buques militares reales.
El exoficial naval Thomas Shugart ha apuntado que enjambres de embarcaciones civiles podrían complicar la detección de amenazas reales en caso de conflicto. Las maniobras pesqueras se produjeron pocos días después de ejercicios militares chinos alrededor de Taiwán con simulacros de bloqueo. Además, en semanas recientes se han reportado acercamientos peligrosos entre cazas J-16 del Ejército Popular de Liberación y F-16 taiwaneses, así como la incursión de un dron militar chino en el espacio aéreo de la isla.
Desde Japón y Estados Unidos, estos movimientos se interpretan como parte de una estrategia más amplia de presión gradual —sin disparar un solo tiro— destinada a normalizar la presencia y el control chino en la zona. La rapidez de coordinación y la escala del despliegue han sorprendido a observadores internacionales. Imágenes satelitales confirmaron que se trataba de barcos reales y no de señales electrónicas falsas.
Más allá del impacto inmediato, la repetición de estas coreografías navales apunta a un nuevo instrumento de poder marítimo: una barrera flotante que puede activarse en cuestión de días y que, sin recurrir a la fuerza militar directa, altera el equilibrio estratégico en una de las rutas comerciales más importantes del mundo. En un entorno donde cada movimiento cuenta, la “gran muralla pesquera” china representa una forma de presión híbrida que combina economía, geopolítica y ambigüedad legal. Y para Taiwán, no son buenas noticias.

