Más de 200.000 personas, según los organizadores, se manifestaron este sábado en Múnich en rechazo a las autoridades iraníes, en una movilización que coincidió con la celebración de la Conferencia de Seguridad en la capital bávara. La cifra duplicó las previsiones iniciales de los convocantes.
La protesta fue organizada por el grupo Círculo de Múnich bajo el lema “Derechos Humanos y Libertad para Irán: Solidaridad Internacional con el Pueblo Iraní”, aprovechando la presencia de decenas de líderes políticos y militares internacionales en uno de los principales foros globales de política exterior.
La Conferencia de Seguridad de Múnich, inaugurada el viernes y que se extiende hasta el domingo, reúne en esta edición a más de 60 jefes de Estado y de Gobierno y a cerca de 100 ministros de Exteriores y Defensa. El encuentro se celebra en el Hotel Bayerischer Hof, convertido estos días en una zona de máxima seguridad, con cortes de tráfico y amplios despliegues policiales. Las autoridades locales informaron además de más de 15 manifestaciones adicionales vinculadas al evento.
Entre los participantes de la marcha estuvo el opositor iraní Reza Pahlavi, hijo del último sha derrocado en la Revolución Islámica de 1979 y residente en Estados Unidos. Pahlavi, que también intervino como ponente en la conferencia, defendió que una intervención militar estadounidense podría acelerar el colapso del sistema iraní.
En declaraciones a Reuters, afirmó que el gobierno de Teherán estaría “al borde del colapso” y sostuvo que un ataque podría debilitarlo o precipitar su caída. “Esperamos que este ataque acelere el proceso y que la gente pueda por fin volver a las calles y llevarlo hasta la caída definitiva del régimen”, señaló.
El dirigente exiliado también celebró las manifestaciones de apoyo organizadas en otras ciudades del mundo, como Toronto y Los Ángeles, y llamó a las democracias occidentales a solidarizarse con el pueblo iraní. “El destino de Irán no es solo un asunto iraní. Es una prueba decisiva para la seguridad global en nuestra época”, declaró, al tiempo que acusó a la República Islámica de exportar inestabilidad regional y alimentar conflictos durante casi medio siglo.
El ministro de Exteriores iraní, Abás Araqchí, criticó duramente la decisión de retirar la invitación a representantes oficiales de su país y dar voz a figuras opositoras como Pahlavi. En un mensaje publicado en la red social X, calificó el evento, en lo relativo a Irán, como un “circo de Múnich”.
Mientras tanto, la ONG Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (HRANA), con sede en Estados Unidos, cifra en más de 7.000 los fallecidos en la represión de las protestas antigubernamentales iniciadas a finales de diciembre y que alcanzaron su punto más violento los días 8 y 9 de enero. Aunque las movilizaciones han disminuido, los activistas aseguran que continúan registrándose víctimas.
Las autoridades iraníes han reconocido en el pasado la existencia de malestar económico, pero atribuyen los disturbios a grupos organizados y financiados desde el extranjero, incluidos Estados Unidos, Israel y sectores monárquicos en el exilio.
Este sábado, más de un mes después de la represión más intensa, se escucharon nuevamente consignas contra la República Islámica en el norte de Teherán. Según constató EFE, alrededor de las 20.00 hora local se oyeron gritos como “¡Muerte al dictador!” y “¡Muerte a Ali Jameneí!”, líder supremo del país.
También se corearon consignas a favor del retorno monárquico, como “¡Viva el sah!” y “Esta es la consigna nacional: reza, Reza Pahlavi!”, en referencia al hijo del último monarca iraní.
La masiva movilización en Múnich y las protestas dentro de Irán reflejan que, pese a la represión y al aparente descenso de las manifestaciones callejeras, el conflicto político sigue abierto tanto en el ámbito interno como en el internacional.

