italia investiga presunta negligencia en trasplante de corazon a un nino doctores preparandose operacion 53876 139517
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Italia vive días de profunda conmoción tras conocerse el caso de Tommaso, un niño de dos años y cuatro meses que necesitaba un trasplante de corazón para sobrevivir y que, según la denuncia presentada por su familia, recibió un órgano “quemado” debido a un error en su transporte. El procedimiento fue realizado el 23 de diciembre en el hospital Monaldi de Nápoles.

De acuerdo con la acusación, el corazón habría sido trasladado utilizando hielo seco en lugar del hielo natural esterilizado que se emplea habitualmente en estos casos. Esta diferencia, aparentemente técnica, es crucial: el hielo seco puede alcanzar temperaturas de hasta 70 grados bajo cero, lo que, según la denuncia, habría provocado daños irreversibles en el órgano antes de ser implantado.

La Fiscalía abrió una investigación contra seis profesionales sanitarios del hospital napolitano que viajaron a Bolzano para extraer el corazón de un donante fallecido y posteriormente realizar el trasplante en Tommaso. La denuncia fue presentada el 11 de enero por el abogado de la familia, Francesco Petruzzi, ante los Carabinieri.

“Lo que ha pasado es gravísimo”, declaró el letrado a medios locales. Según explicó, el uso de hielo seco habría expuesto el órgano a temperaturas extremas que lo “quemaron”, comprometiendo su funcionalidad antes de la intervención.

La madre del menor, Patrizia Mercolini, ha expresado públicamente su angustia y determinación. “Mi hijo es un guerrero. Y yo, como él, tampoco desisto. Debe llegar un corazón nuevo para que pueda regresar a casa”, afirmó ante los periodistas reunidos frente al hospital Monaldi. Relató que pocos días después de la operación les informaron de que el nuevo corazón no funcionaba correctamente y que su hijo debía ser conectado a una máquina de oxigenación extracorpórea mientras esperaba otro órgano compatible.

Tommaso padece una cardiopatía dilatada desde los cuatro meses de edad y, según el parte médico, su estado es “grave, pero estable”. Lleva más de 50 días conectado a una máquina ECMO —un sistema de soporte vital que actúa como corazón y pulmón artificial externos— mientras aguarda un nuevo trasplante.

El hospital Monaldi sostiene que el niño puede ser sometido a un nuevo trasplante y asegura que ocupa el primer lugar en la lista nacional de espera en cuanto aparezca un donante compatible. Sin embargo, especialistas del hospital pediátrico Bambino Gesú de Roma, centro de referencia en Italia en medicina infantil y al que la familia acudió para obtener una segunda opinión, descartan esa posibilidad, lo que ha incrementado la incertidumbre sobre el desenlace.

El caso también ha abierto un debate técnico y ético sobre lo ocurrido en el quirófano. Según las reconstrucciones preliminares, el daño al órgano habría sido detectado cuando la intervención ya estaba en marcha. El médico Mauro Rinaldi, director del departamento de cirugía cardiovascular del hospital Le Molinette de Turín, explicó a la Rai que, si el corazón original del niño ya había sido retirado y este se encontraba bajo circulación extracorpórea —un sistema que solo puede mantenerse durante algunas horas—, los cirujanos probablemente no tenían alternativa viable.

“Si no lo implantaban podría haberse producido un desangrado letal”, señaló Rinaldi, diferenciando ese sistema temporal de la máquina ECMO, que puede sostener al paciente durante semanas.

La investigación judicial deberá determinar si efectivamente se utilizó hielo seco y si ello constituyó una negligencia grave en el transporte del órgano. Mientras tanto, el caso ha generado una ola de indignación en Italia y ha puesto bajo escrutinio los protocolos de conservación y traslado en trasplantes, un procedimiento donde cada detalle técnico puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

En el centro de la polémica está la pregunta que inquieta a la opinión pública: ¿se trató de un error humano evitable o de una cadena de decisiones tomadas bajo presión extrema? La respuesta tendrá implicaciones no solo legales, sino también para la confianza en uno de los ámbitos más delicados de la medicina moderna.

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