“El Juicio Final”, el monumental fresco pintado por Miguel Ángel que domina el altar de la Capilla Sixtina, está siendo sometido a su primera gran restauración en tres décadas. El Vaticano confirmó el inicio de los trabajos, que no se realizaban a esta escala desde 1994.

La intervención se centrará en una limpieza profunda de la superficie pictórica para retirar una capa de micropartículas que se ha acumulado con el paso del tiempo debido a la presencia constante de visitantes. A pesar de los andamios instalados para facilitar el trabajo técnico, la Capilla Sixtina permanecerá abierta al público durante los tres meses que durará el proceso.

Según explicaron los Museos Vaticanos en un comunicado, la superficie del fresco presenta una “neblina blanquecina generalizada”, resultado de la deposición de micropartículas transportadas por el aire en movimiento dentro del recinto.

Cada año, más de seis millones de personas recorren los Museos Vaticanos, y la Capilla Sixtina es uno de los puntos más visitados. La alta concentración de personas en un espacio relativamente reducido impacta directamente en los niveles de humedad, temperatura y circulación del aire, factores que inciden en la conservación de las obras.

El Vaticano realiza un monitoreo constante de estas variables ambientales y aplica medidas preventivas para proteger el patrimonio artístico. Sin embargo, la acumulación progresiva de partículas hizo necesaria esta nueva intervención.

La Capilla Sixtina lleva el nombre del papa Sixto IV, quien promovió su construcción en el siglo XV como capilla principal del Vaticano. No obstante, fue el papa Julio II quien encargó a Miguel Ángel las pinturas que la convertirían en uno de los espacios artísticos más influyentes del mundo occidental.

Entre 1508 y 1512, el artista florentino pintó el célebre techo, que incluye la icónica escena de “La Creación de Adán”, con la mano de Dios extendiéndose hacia la del primer hombre. Años más tarde regresó para realizar “El Juicio Final” en la pared del altar, una composición monumental que representa la segunda venida de Cristo y el destino final de las almas entre el cielo y el infierno.

La magnitud y complejidad de la obra la han convertido en uno de los frescos más estudiados y admirados del Renacimiento.

Además de su valor artístico, la Capilla Sixtina cumple una función central en la vida institucional de la Iglesia católica. Fue allí donde se celebró el cónclave de mayo en el que se eligió al papa León XIV, recordando que el espacio no es solo un museo, sino también un escenario activo de decisiones históricas.

La restauración de “El Juicio Final” representa un nuevo capítulo en la conservación de uno de los frescos más emblemáticos del arte universal. Durante los próximos meses, especialistas trabajarán cuidadosamente para devolverle la claridad original sin alterar su integridad, mientras millones de visitantes continúan alzando la vista hacia una escena que, cinco siglos después, sigue imponiendo silencio y asombro.

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