El Hospital Universitario Vall d’Hebron, en Barcelona, marcó un hito histórico en la medicina mundial al realizar el primer trasplante de cara a partir de una donante que había recibido la Prestación de Ayuda para Morir (eutanasia). La intervención permitió reconstruir parcialmente el rostro de una paciente que sufría necrosis facial grave como consecuencia de una infección bacteriana, afectando funciones vitales como hablar, comer y respirar.
El procedimiento fue un trasplante facial parcial tipo I, centrado en la zona media del rostro, una indicación reservada para casos en los que las técnicas reconstructivas convencionales no ofrecen solución. La paciente presentaba una destrucción severa de tejidos faciales, lo que hacía inviable cualquier alternativa quirúrgica habitual.
“El trasplante de cara es una cirugía funcional indicada en pacientes con desfiguración facial grave, cuando se han perdido estructuras esenciales y no pueden ser restituidas con otras técnicas”, explicó el doctor Joan-Pere Barret i Nerín, jefe del Servicio de Cirugía Plástica y Quemados del hospital.
Donación tras la eutanasia: un acto de altruismo excepcional
La donante había autorizado legalmente la prestación de ayuda para morir y dejó constancia expresa de su deseo de donar órganos, tejidos y su rostro. Esta decisión permitió una planificación anticipada del procedimiento y la coordinación de los múltiples equipos médicos implicados.
“Este caso demuestra un nivel de generosidad extraordinario. Una persona que ha decidido poner fin a su vida dedica una de sus últimas voluntades a ofrecer una segunda oportunidad a alguien que no conoce”, destacó la doctora Elisabeth Navas, coordinadora médica de Donación y Trasplantes de Vall d’Hebron.
Donante y receptora compartían sexo, grupo sanguíneo y características antropométricas compatibles, condiciones indispensables para este tipo de intervención altamente especializada.
Una cirugía de alta complejidad
El trasplante requirió la participación de cerca de 100 profesionales de distintas especialidades, entre ellas cirugía plástica y microcirugía reconstructiva, anestesiología, inmunología, psiquiatría, psicología clínica, rehabilitación, cuidados intensivos y anatomía patológica. La intervención tuvo una duración estimada de entre 15 y 24 horas e incluyó piel, tejido adiposo, musculatura facial, nervios periféricos y estructuras óseas.
“La experiencia del hospital en programas de trasplantes y la elaboración de protocolos específicos para cada caso son claves para afrontar cirugías de esta magnitud”, explicó el doctor Alberto Sandiumenge, coordinador de los programas de Donación y Trasplantes.
Tecnología 3D y recuperación progresiva
La planificación quirúrgica se apoyó en estudios de imagen mediante tomografía computarizada (TAC) y en modelos tridimensionales desarrollados por la Unidad de Tecnologías 3D del hospital, lo que permitió un encaje milimétrico de los tejidos trasplantados.
Tras la cirugía, la paciente permaneció hospitalizada durante un mes, inicialmente en la UCI y posteriormente en planta, bajo un estricto control de inmunosupresión e inicio de la rehabilitación facial. Este proceso busca recuperar progresivamente funciones como la masticación, la expresión facial y el habla.
“Al principio, la cara no tiene movimiento porque las conexiones nerviosas aún no están establecidas. La rehabilitación estimula la reactivación neuromuscular y la percepción del nuevo rostro”, explicó la doctora Daniela Issa, del Servicio de Medicina Física y Rehabilitación.
Un centro pionero a nivel mundial
Vall d’Hebron ha realizado tres de los seis trasplantes faciales efectuados en España y fue responsable del primer trasplante total de cara del mundo en 2010, así como del primer trasplante facial en asistolia controlada en 2015. A nivel internacional, solo una veintena de centros cuentan con la capacidad técnica y humana para realizar este tipo de procedimientos.
Desde la Organización Nacional de Trasplantes, su directora Beatriz Domínguez-Gil felicitó al hospital, destacando que este logro “es motivo de orgullo para los equipos sanitarios y para toda la sociedad”.
Este avance no solo representa un logro médico sin precedentes, sino que también abre un nuevo debate ético y científico sobre la donación de tejidos complejos tras la eutanasia, consolidando a España como referente mundial en donación y trasplantes.

