El intervencionismo pone en amenaza las democracias las cuales, desde la división de
poderes, evitan que una sola persona o institución tome decisiones de manera unilateral. De este modo y bajo la lógica de mantener las democracias que necesitan de diálogo permanente se creó la diplomacia multilateral para demitir los conflictos entre naciones por aspectos económicos, políticos, sociales, ambientales o relacionales creando estrategias y esfuerzos entre naciones en común-unidad como lo son la ONU, la CELAC y el G-20: todas en crisis.
La pérdida de seguridad en las organizaciones multilaterales provoca desequilibro a nivel mundial, debido a que han perdido lo esencial: en un mismo espacio de diálogo se pueda tener en cuenta opiniones, decisiones y votaciones sin importar el poderío económico o militar de las naciones integrantes, sin embargo, se ha quedado difuminada la confianza por falta de acciones decisivas que puedan detener actuaciones que ponen en vilo la estabilidad mundial.
En el trasfondo la Organización de Naciones Unidas no se entromete en aspectos políticos de los países debido a que son estas mismas las que definen que rumbo de sus representantes y las líneas político-ideológicas, sin embargo, por medio de acciones como notas, memorandos o votaciones de censura juzgan vulneraciones de derechos humanos que afecten no solo la paz mundial, sino las naciones representadas y se admite que son los países integrantes quienes deben tomar acciones o vías de hecho, no violentas, que puedan desestimar las ideaciones de desequilibro mundial o hemisférico. Esas mismas naciones que tienen poder militar, alianzas económicas, interdependencia vital, deudas adquiridas y elecciones interferidas negando decisiones fundamentadas en el Derecho Internacional Humanitario y promoviendo acciones arribistas enmarcadas en los planes sociopolíticos de cada país, entonces ¿cómo estas instancias multilaterales deben evolucionar para mantener decisiones que nos mantengan en un mundo donde el bienestar y el desarrollo se pueda quedar?
Se deben mantener las vías diplomáticas como forma para desestimar el conflicto, sin
embargo, se deben presentar propuestas reguladas que permitan que los pueblos tengan
herramientas y veeduría internacional para que el Derecho Internacional Humanitario prime en el diálogo, las decisiones y la creatividad necesaria para dirimir tensiones. El mundo no puede evadir la acción que, por excelencia, nos ha permitido habitar aún el planeta tierra: el diálogo para entendernos, crear, evolucionar y desarrollar la vida de manera digna. Todo, aunque de guerra se trate, termina desde su inicio: el diálogo como mediador de virtud y lógica para decidir el destino de las naciones de manera mancomunada.

