Lejos de los escenarios, las giras y los estudios de grabación, Yeison Jiménez encontró en el mundo equino un espacio para materializar una de sus pasiones más profundas. Entre los distintos negocios que conformaron su patrimonio, el criadero La Cumbre se destacó como uno de los proyectos más personales y significativos del fallecido cantante de música popular.
Ubicado en la zona rural de Fusagasugá, el criadero se especializa en caballos de paso fino colombiano y fue creciendo de manera progresiva hasta consolidarse como una iniciativa ganadera reconocida dentro del circuito ecuestre nacional. Lo que comenzó como un interés ligado a su historia personal terminó convirtiéndose en un proyecto estructurado, con estándares técnicos y administrativos propios del sector.
La Cumbre cuenta con una infraestructura diseñada para el manejo y entrenamiento de ejemplares equinos en distintas etapas de desarrollo. El predio dispone de pesebreras, áreas de preparación, espacios de descanso para los animales y zonas destinadas al trabajo diario, donde se adelantan rutinas de cuidado, alimentación y supervisión veterinaria permanente.
En el lugar se albergan caballos, yeguas y potrillos destinados tanto a procesos de formación como a la participación en competencias de paso fino. La operación del criadero está a cargo de personal especializado, encargado de garantizar el bienestar de los animales y el cumplimiento de las prácticas propias de la actividad equina profesional.
Además de su función productiva, el criadero también cumplía un rol íntimo para el artista. Allí, Yeison Jiménez solía pasar temporadas cuando no tenía compromisos musicales, utilizando la vivienda privada del predio como un espacio de descanso y desconexión de la exposición pública que caracterizaba su carrera artística.
Con el paso del tiempo, La Cumbre también dio origen a una identidad de marca asociada al criadero, visible en elementos promocionales y prendas que el cantante utilizaba en conciertos y apariciones públicas. Esta faceta reforzó el vínculo entre su imagen artística y una actividad que representaba equilibrio, arraigo y disciplina.
Según relató en distintas entrevistas, el proyecto equino era para Jiménez una manera de reconectar con intereses de su infancia y de construir un legado más allá de la música. Hoy, tras su fallecimiento, La Cumbre hace parte de los bienes que quedarán en manos de sus herederos, como testimonio de una faceta menos visible pero profundamente significativa de su vida.

