Más de cinco décadas después del último viaje humano a la Luna, la exploración lunar vuelve a ocupar un lugar central en la agenda espacial. La NASA se prepara para lanzar Artemisa 2, la misión que marcará el primer vuelo tripulado hacia nuestro satélite desde 1972 y que abrirá una nueva etapa en la carrera espacial del siglo XXI.
La fecha prevista para el despegue es el 6 de febrero de 2026, aunque la agencia mantiene abierta la posibilidad de realizar el lanzamiento hasta finales de abril si surgieran imprevistos técnicos o meteorológicos. A bordo de la nave Orión viajarán los astronautas estadounidenses Reid Wiseman, Christina Koch y Victor Glover, junto al canadiense Jeremy Hansen, quienes se convertirán en los primeros humanos en más de medio siglo en dirigirse nuevamente hacia la Luna.
Aunque no descenderán a la superficie lunar, la misión tendrá un carácter histórico. Durante un viaje de diez días, la tripulación dará una vuelta completa alrededor de la Luna y alcanzará una distancia de hasta 434.500 kilómetros de la Tierra, superando el récord establecido por la misión Apolo 13 en 1970. Será, hasta ahora, el punto más lejano que haya alcanzado una tripulación humana.
El lanzamiento se realizará con el cohete Space Launch System (SLS), uno de los más potentes jamás construidos, desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida. La expectación es alta y se espera que miles de personas se congreguen para presenciar el despegue, considerado el inicio formal del regreso humano al entorno lunar.
Antes de iniciar la travesía hacia la Luna, la nave Orión permanecerá en una órbita elíptica alrededor de la Tierra durante las primeras 24 horas. Este periodo servirá para verificar todos los sistemas y garantizar la seguridad de la tripulación. Una vez superadas las comprobaciones, se ejecutará la maniobra de inyección translunar, que colocará a la nave en una trayectoria de retorno libre, permitiendo volver a la Tierra sin necesidad de maniobras adicionales en caso de emergencia.
Tras cuatro días de viaje, los astronautas rodearán la Luna a una distancia de entre 6.400 y 9.600 kilómetros de su superficie, captando imágenes, realizando experimentos científicos y probando nuevos sistemas de comunicación por láser que permitirán transmisiones de video en tiempo real. La misión concluirá con el amerizaje de la cápsula en el océano Pacífico.
Mientras Artemisa 2 avanza con paso firme, la misión que devolverá a los humanos a la superficie lunar continúa acumulando retrasos. Artemisa 3, que incluirá el primer alunizaje del programa, no se lanzará antes de 2028 debido a la complejidad técnica del módulo de descenso que desarrolla SpaceX y a la necesidad de ensayar operaciones inéditas como la transferencia de combustible en órbita.
El objetivo final del programa Artemisa va más allá de repetir las hazañas del pasado. La NASA busca establecer una presencia sostenida en la Luna, especialmente en el polo sur, una región clave por la posible existencia de hielo de agua y su valor estratégico y científico. Esta ambición se enmarca además en un contexto de competencia global, con China manteniendo su plan de enviar astronautas a la Luna antes de 2030.
Con Artemisa 2, la exploración lunar vuelve a entrar en una fase decisiva. El éxito de esta misión no solo marcará el regreso humano al entorno de la Luna, sino que sentará las bases para una nueva era de exploración espacial en la que nuestro satélite volverá a ser protagonista.

