España ha entrado de manera oficial en uno de los procesos más sensibles de la política de paz total en Colombia. Una delegada del Gobierno español fue incorporada a la mesa de diálogo instalada en Doha, Qatar, donde el Ejecutivo colombiano y el Clan del Golfo mantienen conversaciones destinadas a reducir la violencia y explorar una posible salida negociada. La participación, confirmada por fuentes vinculadas al proceso, refuerza el papel de España como aliado internacional en las iniciativas de paz del país.
El ingreso de España amplía el grupo de mediadores, en el que ya están Suiza, Noruega y Qatar. Este paso ocurre en un momento decisivo para el presidente Gustavo Petro, que busca mostrar avances concretos mientras su mandato se acerca a su etapa final. Aunque existen múltiples mesas abiertas con diferentes grupos armados, la violencia persiste en varias regiones, lo que ha generado críticas por la falta de una estrategia integral para someter a organizaciones dedicadas al narcotráfico y a otras economías ilegales.
La presencia española no surge de cero. Desde los años noventa, España ha acompañado distintos procesos de paz en Colombia y, más recientemente, ha participado en la mesa con el ELN. Sin embargo, su llegada a las conversaciones con el Clan del Golfo marca un cambio importante: se trata del grupo criminal más grande del país, con presencia territorial amplia, vínculos internacionales y una fuerte influencia en regiones donde el Estado ha tenido poca presencia.
Fuentes cercanas explican que España es vista como un socio confiable tanto para Colombia como para Qatar. Además, su participación responde también a razones prácticas: la actividad del Clan del Golfo tiene conexiones que llegan hasta territorio español, donde varios de sus jefes han sido capturados o identificados en los últimos años.
La negociación se trasladó a Doha luego de que el Clan del Golfo exigiera un entorno neutral para continuar el diálogo. En ese escenario se firmó el conocido Acuerdo de Doha, una hoja de ruta que incluye acciones de desescalamiento y un plan piloto en cinco municipios del noroeste del país, una región atravesada por economías ilegales y con comunidades que han vivido históricamente sin una presencia efectiva del Estado.
Una parte clave del proyecto será frenar el reclutamiento de menores y garantizar condiciones básicas de seguridad. La zona donde se aplicará el piloto conecta el Caribe con el Tapón del Darién y ha sido un punto estratégico para el narcotráfico. Allí, la organización actúa como autoridad de facto, lo que supone uno de los mayores desafíos para cualquier intento de transformación.
Nacido de estructuras heredadas del paramilitarismo y fortalecido por el control de economías ilegales, el Clan del Golfo se ha convertido en una organización adaptable, con capacidad para reorganizarse incluso cuando pierde mandos. Por eso su rol en la negociación es considerado uno de los más complejos dentro del “rompecabezas” de la paz total.
Con España ahora en la mesa, el proceso de Doha adquiere una dimensión internacional más amplia y busca avanzar en medio de un contexto donde las expectativas son altas, pero también lo son las dificultades.

